La noticia se corrió rápido en la oficina: "Hay unas tortas de chilaquil buenísimas que deben probar". ¿El lugar del que tanto hablan queda muy lejos de aquí?, pregunté. ¡Noooo, está bien cerquita, caminando llegas. Mira, te vas caminando toda la calle de Tamaulipas y en la esquina con Alfonso Reyes, ahí están, no hay pierde! respondió un compañero.
Y que llegó el día en que corroboré las virtudes de esas tortas. Había probado las tortas de tamal, mejor conocidas como "guajolotas", pero nunca una torta de chilaquil. Así que un viernes, un grupo de compañeros fuimos seleccionados para traer a la tropa dicho manjar mexicano.

