Estábamos ahí, desnudas, sentadas sobre una gran roca. Sus piernas
comenzaron a entrelazarse suavemente con las mías mientras nuestros cuerpos,
acariciados por una suave llovizna, se unían lentamente. Sentimos el latir de
nuestros corazones, al principio agitados e instantes después sosegados. Fue hermoso, ninguna de las dos lo habíamos hecho.
Nunca imaginamos que un momento tan emotivo y sensual pudiera ser capturado,
sin embargo, se logró.
